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Playa y Código

Anglogalician Cup



La metáfora definitiva sobre la crisis de los cuarenta, para mí, está consignada en esa película prodigiosa e infravalorada que es Pat Garret & Billy the Kid, de Sam Peckinpah. Si no la entiendes sólo tienes que esperar. Un día cualquiera, mientras aún mascullas para ti mismo que todo va bien, comprenderás de pronto que te has convertido al tiempo en los dos personajes principales (que como todo el mundo sabe son sólo uno). Verás entonces, en un instante congelado, que las fugas hacia delante llevan al desastre, cuando no al ridículo, y que las retiradas estratégicas no conducen ya más que a la infamia. En todo caso, el tema será la huida. No el de la película, el de la vida. Siempre lo es: el plan de fuga, su casi inevitable fracaso, la quimera de su éxito posible, el amargor del no intento. Siempre lo fue: simplemente, después de los cuarenta engañarse al respecto es ya imposible.

Y aunque tal tema ha punteado de modo endémico la historia del arte desde el romanticismo, ha sido el Rock&Roll, es decir, el pop en su expresión definitiva, inflamable, aparentemente perecedera y adolescente, la manifestación artística que más ha hablado de tal fuga. Porque el pop rechaza y corre. El pop cree y seguirá creyendo para siempre que la fuga es posible, y por ello gran parte de su danza terrible culmina en símbolos que la representan. O empieza en ellos.

Así, los infectados por ese virus anglófilo y patético, por ese residuo del romanticismo feroz que es el pop en su versión más instintiva y gutural, tenemos también más posibilidades de seguir intentando escapar a edades tardías, a trompicones. O de sufrir, agudizada, la nostalgia de las vidas posibles que malogramos en el trayecto. Educados en el paradigma de la huida como triunfo, como posibilidad efectiva, hijos pródigos vocacionales sin vuelta atrás, la repetición en la que acaba encallada la existencia común se nos hace a menudo intolerable. Lo digo con frialdad, porque es un hecho frío: frio como un niño miope que atraviesa una invisible puerta de cristal.

Pienso en ello esta tarde desapacible, mientras observo una vez más esas dos fotos de Iggy que me fascinan, con una punzada de envidia que aún recuerda al deseo. Y pienso que no en vano Iggy se apellida, por decisión propia, POP. Nada es gratuito en el mundo de los sueños.



La primera imagen es el símbolo cerrado y total de ese deseo de fuga en positivo del que hablamos: la iguana veinteañera surfea sobre la crew, empapada en mantequilla de cacahuete, a torso desnudo, con guantes plateados de un futuro de mercadillo, refinando para siempre una versión postnuclear del Moises que abre el mar rojo para una legión de runaways; de Cristo que señala hacia un mundo nuevo mientras el sueño de la contracultura se cae, en torno, a trozos y es dinamitado para siempre.

Ese guía sexualmente ambiguo e hiperpotente que camina sobre una ola humana hacia la orilla es esencialmente una imagen polisémica; una redefinición –una fijación más, especialmente precisa- de la liberadora pesadilla dionisíaca. En ella confluyen ríos mitológicos gemelos, tradiciones inmemoriales pero reconocibles: nada ha de envidiar a los Dioses, que como él son arquetipos ajustados de un sueño primigenio y no dominable por la razón.

Como imagen arcana de sí mismo, Iggy ha viajado desde el trailer park hacia la inmolación ritual que implica el éxito, pero al tiempo dista mucho del icono nihilista que algunos han querido ver en él: es en realidad un hippy de libro con corazón de bomba atómica, una versión actualizada de un arquetipo colectivo y pseudoconsciente, el príncipe renovador y al tiempo aniquilador. Es una versión, eso sí, contagiada por ese optimismo natural, cerril, definitivo, que se da en los americanos a menudo porque es la paradójica esencia de su cultura. Quiere otro mundo y lo quiere ahora y está convencido de que queda a un pico de distancia, allí. Aquí. En la playa, en la última frontera de la que acababa de volver con el oceánico y ácido Funhouse bajo el brazo.




La segunda imagen es menos evidente, pero más importante para mí. Está tomada por una novia, Esther Friedman, y retrata a un Iggy distinto, pese a que ni siquiera ha transcurrido una década. Al borde de un mar egipcio, la iguana mira de reojo desde una silla, mientras un barco de vela latina, antiguo como el mundo, cruza el plano. Encuentro mejor, en ella, al deseo de mí mismo, quizá porque junto al abandono contiene también algo consciente y reflexivo. Está ahí gran parte de lo que hubiese querido ser y no sé si he sido. Está también uno de los finales de ese viaje que Iggy afirmaba posible y al que apuntaba, cuando levitaba en una ola de carne sudorosa: un hombre solo frente al mar, el extraño triunfo de haber sobrevivido, el olvido, los lugares perdidos donde uno no es nadie ni lo necesita, la sonrisa apuntada sobre la cicatriz, los sueños vagos. El hombre que ha conseguido huir y que acarrea las cojeras que lo guiaron hasta esa estancia, a medio camino de la vida. ¿Era esto el éxito? Si se lo considera como via crucis, muy probablemente sí.

A mí me faltó empuje para ser todas esas cosas, o alguna de ellas, y sin embargo a mi modo, como todos, he acabado siendo la segunda: el hombre solo frente al mar al que una novia fugaz roba una foto. Pero me falta el mar. Miro en torno: diez mil confiterías en el ágora del patio de vecinas. Una ciudad que sestea harta de empanada, un escritorio sepultado en libros que vampirizo tratando de escribir yo mismo un libro. Ese es mi mar, parece. Desde su orilla multiplico el error de la creación, pese a que lo que la vida demanda, lo sé, es el cero, el alegre zen de la carne abandonada, las playas desiertas de un futuro donde explicarse sea ya innecesario.



Polisemia intravenosa

El pop puede ser ocasionalmente narración, sin morir, pero es esencialmente código, especialmente en su vertiente menos narrativa (en canciones como, digamos “Penetration”, por citar una de The Stooges, paradigmática). Sus escenas son arquetípicas e intercambiables, aluden a la rebeldía primigenia y son consignadas mediante fórmulas largamente gestadas, por mucho que se quieran nuevas. Son un rayo que viene de muy lejos, aunque no dejan de ser un rayo que te derriba.

El pop es, sí, un tipo complejo de código fuente intrahistórico que atraviesa y sintetiza mitologías y lo hace a través de la imagen, del slogan y, sobre todo, de la canción. En otros sitios he hablado ya de mi fascinación por ese elemento, la canción, que arranca siendo casi un grito unicelular y milenios después permanece en todo su esplendor, compitiendo con el libro como tecnología punta humana definitiva. A menudo he argumentado que sólo una eficacia extrema ha permitido esa lozanía antinatural, esa permanencia. Y es su condición de código la que lleva a tal eficacia. El pop permite comprimir líneas de idea humana de siglos de recorrido en píldoras de tres minutos sin que la esencia se degrade en el proceso. Es una transmigración ejecutada por niños en sótanos desolados y representada por instinto. Es una alquimia tecnológica, una nanotecnología a grito pelado, también. Ese código al tiempo crea las canciones y viaja en ellas. Las canciones, en efecto, pueden parecer extraordinariamente simples para unos y ser percibidas como terriblemente complejas por otros, pero ni la ceguera de los primeros ni la excesiva reflexión de los segundos les impedirá experimentarlas como una explosión, un rayo, una ceguera: es decir, como la sobredosis de iluminación que provoca una inyección masiva de código.

No se trata, pues, de un método de aprendizaje, sino de un modo de conocimiento inmediato no lógico. Sabemos, sin necesidad de explicárnoslo, que en un gruñido y un giro de cadera de Iggy hay más información sobre la sexualidad de la que jamás te transmitirá el padre más comprometido con la causa. Notamos, sin intermediarios, que en el ritmo que abre “Waiting for the Man”, antes aún de que irrumpa la voz, hay más información sobre la droga de la que jamás te transmitirá una historia universal de la mandanga. Reconocemos sin lugar a duda que en cualquier buena canción de carretera está todo lo que el guerrero joven debe saber cuando sale, ritualmente, de los pobres límites de su tribu para transformarse en hombre. Podría seguir eternamente poniendo ejemplos de esa evidencia común y social, de esa huella antropológica viva. El pop permite saber, con los desastres que eso conlleva; adquirir sabiduría eterna en un mundo que se esfuerza en olvidarla y en borrarla para siempre. Y saber ahora, y saber ya. De ahí el regusto a éxtasis. Siendo así, se constituye también en uno de los elementos más acabados de lucha contra la muerte que conozco. O al menos contra el recuerdo de la muerte, que es lo mismo.


Cuando fichó por los Stags


Frente al espasmódico baile de la polisemia, claro, puede ponerse ejemplos casi opuestos, o al menos mixtos, que no dejan de ser pop. Cale y Reed, por ejemplo -desde la Velvet Underground hasta, por ejemplo, ese disco clave que es Songs for Drella, donde rinden homenaje a su mentor Andy Warhol- pretenden defragmentar el código al tiempo que lo acuñan, pero sólo lo consiguen en lo musical. En lo lírico retornan a una narrativa mucho más llana y tradicional. Una narrativa espléndida sin duda, pero que pretende ser más refinada que el aullido y sólo consigue ser hasta cierto punto más cínica. El código, hay que recordarlo, está consignado más en cómo se dice algo que en aquello que se dice, porque aquello que se dice no varía a través de las épocas. Es normal, en todo caso, que Reed y Cale homenajeen a Warhol, que es un teórico muy lúcido del capitalismo salvaje, y el hecho confirma que ambos pertenecen a una dinastía distinta a la de Iggy. Por mucho que coincidencias no falten, por mucho que a menudo parezcan descender por el mismo stream de vicio frío, Iggy será siempre un Pan, un dios primigenio y priápico, un Dionisos que cree en la existencia real de la playa final de la victoria. Lou, por su parte, no cree en nada, y acabará adecuadamente encharcado en zen después de sembrar el cancionero más nihilista que se recuerda. Cale probablemente crea en sí mismo y en Dylan Thomas, por ese orden. Son (gloriosa) carnaza post Freud, un tipo al que la Iguana ni conoce ni conocerá.

La fuga está en ellos, también, claro, pero de un modo más pensado y racional, que casi podría encabezar un ensayo, como cuando Lou canta en “Small Town”:

There’s only one good thing about a small town

There’s only one good use for a small town

There’s only one good thing about a small town

You know that you want to get out

When you’re growing up in a small town

You know you’ll grow down in a small town

There’s only one good use for a small town

You hate it – And you’ll know you have to leave.



ENSAYO Y LOCURA

Si el pop es encriptado, síntesis, transmisión histórico-mitológica, dique contra la muerte, liberación, lucha contra la locura a través de un chip consignado en un espasmo, existe su opuesto casi exacto: el ensayo literario. El ensayo, pura labor de desencriptado y explicación de lo inefable: no hay nada más irracional bajo el sol. Su aura de legalidad, razón y sistemática es un chiste sardónico.

De todos los géneros literarios, en efecto, el ensayo es el más peligroso para quien lo manipula. Quien lo recibe, en los casos mejores, apreciará en él una aclaración de la vida, un esquema lúcido que ilumina senderos antes oscuros y hace más claro el camino de ida (hacia la playa) y de vuelta (de la playa). Una ficción, en fin, que hace que la vida, por un instante, parezca tener algo de cartesiano. El que lo escribe, sin embargo, trabaja por extracción. Toda la claridad que dona le es extirpada. Todo el orden que consigue o inventa para los demás se convierte en desorden para él, se le cobra en salud mental. Los desafíos a la esencia natural no pasan sin precio. Y el desorden, ya se sabe, tiene formas diversas: la lucidez es una de ellas. La lucidez organizada es el hueco que queda después del desafío, una gran sala diáfana perfectamente vacía de ser.

Asi, el pop es en gran parte síntesis que evita la locura, un modo eficaz de trabajar con lo inefable, mientras el ensayo es un intento de explicación que se acerca peligrosamente a esa locura. Hace tiempo que comprendí, y eso me sorprendió al principio, que aquello del caballero que enloquecía por leer demasiados libros de caballerías no tenía nada de chanza. El ensayo es, a menudo, una puesta en limpio de ese progreso hacia la disolución mental, aunque rara vez pueda percibirlo el lector. “(…) y comprendiendo, comprendiendo, iré a parar al manicomio”, dejó escrito Stephen King. Él se cuidó bien de mantener en sus libros el misterio intacto, de no intentar un destripamiento que al final termina por ser siempre el propio.

“En algún momento de mi vida llegué a la conclusión”, escribí hace poco, en esa línea, “de que el misterio no se debía desentrañar, porque eso lo desactivaba; la conclusión de que el misterio era efectivo sólo como tal y de que solucionado se disolvía, cesaba su efecto (por lo general benéfico) y su desaparición nos dejaba para siempre una sensación indefinible de orfandad. Más adelante he llegado a una conclusión distinta, que anula la anterior o la convierte en mero paso intermedio: no es que el misterio no se deba desentrañar, es que NO SE PUEDE: cualquier supuesta caída del velo es sólo una puerta a un misterio mayor. El hombre sensible pronto deja, pues, esa sensación de orfandad para abrazar el campo superior y más incognoscible en el que aquel misterio supuestamente rematado se contenía. Es vivir EN el misterio (como hacen de modo permanente los animales, o eso espero) lo que nos aporta algún tipo de plenitud. La ilusión de resolverlo es apenas una degradación burguesa que juzga que la forma es la esencia; la estúpida confusión de la luz con un crucigrama. Es por eso también (aunque esto son simples y miserables daños colaterales) que determinados fingimientos de misterio creados por nosotros -digamos, por ejemplo la religión o la realeza de sangre (que en el caso de los cristianos son lo mismo)- pierden por completo su efecto y su poder cuando tratamos de racionalizarlos y explicarlos a lo que torpemente consideramos ‘el hombre común’ (¿hay alguno no común?); cuando intentamos adaptarlos a nuestra época de supuesta racionalidad, despojándolos de su esencia no explicable, pero sí vivible. Digo ‘fingimientos’ porque efectivamente hay, al menos dos tipos de misterios. Uno, el preexistente, otro el creado artesanalmente -aunque sea creado con guijarros y ramitas procedentes de lo desconocido-. Quizá sea, paradójicamente, este segundo, esta recreación infantil y cruenta, la que más interés tenga para el que se comienza a preguntarse al respecto”.

Ignorando esta evidencia, que apunta al pop y a la vida esencial, el ensayista prosigue su autodestripamiento sin hacer caso a nadie. Al principio la cosa parece simplemente tediosa. Lectura, saturación, acumulación de referencias, síndrome de rata de biblioteca. En algún momento posterior, en cambio, deviene extrañamente mágica, en esa fase que yo he llamado “todos los libros el libro” en la cual cualquier cosa que uno lea remite al trabajo que se intenta; cualquier imagen que uno vea ofrece una conexión profunda y misteriosa con el tema y casi cualquier movimiento de la vida misma está hilado con la obra.

Es sin embargo la fase intermedia entre ambas la más peligrosa: una temporada de disgregación mental en la que las ideas brotan como quistes líquidos, demasiadas para reconducirlas, y descienden como lava fría, separándose en lugar de unirse. Ese enramado que crece hace que uno mismo de desintegre, lentamente, amenazado por el mundo del arquetipo y el sueño. En esa fase no sólo fluyen las ideas, las conexiones más o menos refinadas que prevén la fase tercera: es también la temporada alucinatoria. Yo, por ejemplo, tengo últimamente una visión recurrente, durante la vigilia: veo a un tucán gigante con hermosísimos ojos de vaca que parpadea lentamente, una y otra vez, plantado frente a mí en una eterna planicie amarillenta. ¿Significa algo? Con total seguridad sí, pero el Tucán de la planicie no puede ser tratado con la lógica del ensayo. Sólo puede ser tratado con la ilógica del pop. Es un elemento de pop mitológico/onírico/irracional que brota en medio del pensamiento organizado, como si la vida misma se rebelase ante un intento de clasificación que va contra ella y su esencia. Algo de pastor hay que tener para evitar la dispersión de ese rebaño que es uno mismo. Para no entregarse al tucán.



Remedios caseros

De las pocas cosas buenas que he encontrado, en todo caso, en esta crisis al modo Peckinpah, en esta comparativa entre exabrupto pop y ensayo de combate como hermanos enfrentados que es metáfora de la propia vida, una es la comprobación de que un veneno puede rebajarse con otro, obteniendo un equilibrio precario pero cierto.

“¿por qué cantamos?”. A la espera de soluciones a esa pregunta que me ronda a diario, me he dedicado yo mismo al canto, en ratos libres, y he redescubierto su esencia curativa. También he descubierto que después de décadas de esclavismo pop, uno obedece de modo inconsciente a impulsos contrapuestos y a dinastías diversas. Escribí, por ejemplo, una canción que se llamaba “New town”, y que, revisada, no deja de ser un intento de acercarse al citado “Small Town” de Songs for Drella. Mutada, si se quiere; inferior, si se quiere, pero idénticamente narrativa y no simbólica. Conectada también con un viejo poema mío que garabateé, acaso previendo esta cruenta masacre de la mediana edad:



A la que te descuidas un par de décadas

el pueblo pequeño te ha heredado

y ha obrado en ti todas las

reformas necesarias

para que no salgas ni regreses jamás.

Nunca otra vida.

Ha tirado los muros de carga.

Y ha visto caer todo menos la fachada.

Y el interior se ha cubierto de gato sobre

la viga podrida, las latas,

la zarza, los bricks,

el correo bancario, el óxido de orina

y la perplejidad de un sueño a

letra diez, con mucho grano.

Los niños que miraban por la reja

se han ido volviendo viejos fracasados

y bailan en nebulosa marcial y somnolienta

como una vía perezosa de leche desnatada.

“Nunca otra vida”, se dicen.

“¿Para qué la querría?”, se contestan.

Y detestan la palabra sin entender la idea,

palpando, con las encías apenas, algo luminoso

embarrancado allí en recuerdo de todas las galaxias

prometidas.

Sin rastro, sin señal, ajeno,

ni más indicación que un aliento al fondo con

voz nadando en sombra,

así irás,

dorado y ya de polvo, quieto

como un patio de agosto contempla

una palabra.

Nunca otra vida,

susurran entre sí las fuentes y el

agua que se bebe.

Nunca otra vida, dicen los camareros

agradeciendo la propina que hoy has

vuelto a dar, honradamente.

A la que te descuidas unos veinte años todo

ha cambiado y sigue igual

y eres tu pobre padre

para solaz de las funcionarias que inventaron el sarcasmo

y para placer de los poetas futuristas del rebaño

y para alborozo de todos los amantes iletrados

y todas las matronas ahorradoras y fóbicas

y todos los fabricantes de zapatos.

Según su sencilla palabra se ha hecho en ti,

e igual que las termitas en palacio

el pueblo pequeño ha sido

(cruel, indiferente y)

soberano.



Escribí otra canción, en cambio, que era casi su opuesto heroico. Me la inspiró mi amigo R., que, barrial e intoxicado como era, no difería tanto de Aquiles o de la Iguana. Uno de esos héroes del Rock&Roll preconsciente que todos hemos encontrado y querido. La última vez que lo vi me contó que había tenido un hijo, y sospecho que ya no se dedica a saltar por los tejados de Madrid, pero yo lo conservo en ese ámbar de distorsión, reinando sobre la barra de tugurios cuyo nombre perdí.

E igual que esta, tengo otra que se llama, premonitoriamente, “I Wanna go to the Beach”. Es una canción curiosa, situada al final de un disco, aparentemente menor. Dudo que nadie le haga mucho caso, y sin embargo en ella vive (independientemente de mi voluntad) esa fuga nuclear que nos aqueja. Ese mar como límite del deseo y reintegración.

Iggy no es por supuesto, un elemento aislado. Al contrario, su arquetipo es habitualísimo, aunque no siempre tan bien definido. Pertenece a una línea dionisíaca/chamánica que inmediatamente antes había dado a Jim Morrison y no mucho después nos dio a gente como David Yow (The Jesus Lizard) o Perry Farrel (Jane’s Addiction). Príncipes depravados e idealistas. Mefistofélicos de américa, limpios y suicidas. Rimbauds y Baudelaires simplificados para comprensión de la chusma necesaria. Magos estúpidos de puro sagrado. Hábiles, sin embargo para no aceptar nunca del todo la corona -para seguir en eso más a Dylan que a Jimbo-, porque nada causa más horror a un príncipe que la posibilidad tangible de ser rey. Los reyes son sacrificados: los príncipes, es sabido, viven para siempre.

Cuando jugaba con los Porcos Bravos


Mitológicamente, Farrel, en concreto, es casi la consecuencia natural del Iggy que apunta a la playa, igual que Iggy es la de Morrison. Como ellos, Perry ejemplifica con nitidez desenfocada un hecho irrebatible: nuestra huida es siempre hacia el mar, real o metafórico. Quizá por una nostalgia del primigenio caldo mitocondrial, quizá porque el último sueño pionero con territorio propio, el americano, el que creo el Rock&Roll, termina precisamente ahí, se estrella contra las olas en el Venice Beach de los heroinómanos. Quizá porque el mar es el símbolo total, vida y muerte, y como decía una amiga “frente al mar no hay nada que decir” (quizá si algo que canturrear, quizá sí algo que bailar). Sueño amniótico, limes contracultural, comunión última con el principio natural, madre magmática… Farrel lo abraza con la risa del loco sagrado y el baile del chamán adolescente, del niño terrible, usando esa voz que un crítico definió una vez a la perfección como de “ángel al borde del estupro”.

Se le podría acusar, sin duda, de usar sin sonrojo la descerebrada naturalidad atlética del surfero: mística barata, drogas blandas y una ficción de libertad tolerada y facilona. Un código simple. De nuevo, hay que rascar un poco para entender que los príncipes no crean mensajes nuevos, sino que portan mensajes antiquísimos y los enuncian con la vivacidad de aquel primer día, cuando el mundo era nuevo. Emiten código, SON, ellos mismos, código. La complejidad intelectual es, desde ese punto, perfectamente prescindible. También inevitable.

Como en mi modesta aportación, en ese “I Wanna go to the Beach” donde sí estoy (uno no está siempre en sus canciones), el código del que hablamos ha sido emitido a menudo desde una playa o desde su deseo. La playa es el triunfo y el fracaso del pop, desde las melodías hiladas de los putos Beach Boys hasta el sagrado “Beaches and Canyons” de Black Dice, donde un viento de átomos barre la playa vacía y definitiva del futuro bajo aullidos de pixel.

Veo a Iggy, hoy, que ya es otro distinto al de las dos fotos y que se ha hecho casi playa en sí mismo: una playa hortera y despreocupada de viejo socarrón y rijoso en bañador, que se carcajea de su propio mundo, del tuyo y de todos los demás, mientras prepara una barbacoa. Pero sigo viendo también otras imágenes de un triunfo tentativo que pasa por el retiro y el olvido. Dylan pescando un pez en la borda del Water Pearl bajo un viento caribe. Shane descalzo en Pataya Beach, desdentado pirata opiómano de fin de semana. Neil Young mirando al agua eterna en ese disco sagrado que es On the Beach. Nikki Sudden subiéndose a los barcos embarrancados en una playa de O Grove, hace un eón. Diez millones de generaciones chocando, enloquecidas y estáticas, contra la línea de costa.

Esas imágenes se suceden en mi retina y en mi oído como un ruido de fondo, una estática, un mar, un deseo. Un deseo de liberación a través de la nada. Tomen pues estas reflexiones deshilachadas como eso, meros apuntes al hilo de un ronroneo lejano, de un oleaje perpetuo que nos llama. Preguntas que no hace falta, acaso, responder, más que con la vida. Hay quien quiere estar aquí para siempre, ser un cyborg eterno, y esa gente tendrá también sus canciones, acaso más maquinales y precisas. Yo, Iggy, Farrel, Morrison y compañía nos conformamos, por ahora, con ser las canciones en lugar de tenerlas. Canturreo, ruido difuso del alma, invocación.

“Investigamos a través de ecos”, escribí también, el otro día. “Es así siempre como empezamos a investigar. Y eso es todo lo que tendremos, al final”.

Ecos son las canciones, ciertamente.

Y eco es el resol de la playa que espera, al otro lado de esta página.

De William Blake Ao Lacón With Grelos. O Futuro En Cetosis Do Enorme Aparato Mediático


No 2043 o Mediático Aparello é un monstro octópodo de varios centos de Terabytes: pesadelo orwelliano, xungla positrónica.
Everything a lie.

No 2043 unha pintada na vellla praza reza así: Quérente morto ou vivindo na súa Mentira.

No 2043 os Porcos Bravos presentan nas Illas a seguinte aliñación: Santi Barrilete (Gk); Marcos; Josué; Frank; Martín; Del Río; Fontaiña; Fer; Manu Blondo; Neira; Serge.

A sucinta crónica do evento fala así: "Polo val da morte camiñaron os seiscentos. STOP. Victoria local. STOP. Urxe sangue novo. STOP. Acabaremos xogando de amarelo con patrocinio da ONCE. STOP".

No 2043 a primeira parada da AGC en Sheffield non é un pub senon o mausoleo neoleninista de Boroman nos Peace Gardens, con música de fondo, nun Sheffield mediterráneo de viño branco en vez de cervexa. Unha ferruxenta placa no mexadoiro do Fat Cat lembra os escuros inicios desa competencia intracontinental.

No 2043 un libro escolar (prontamente descatalogado) recollerá a voz AGC como: "competición sportiva de corte atlántica de brumosas orixes." No 2043 o historiador local M. Laiño (en paradoiro descoñecido) falará destas orixes da AGC ao borde dun río fétido e da polémica sobor as primeiras edicións.

No 2043 non hai millaradas en Galicia, nen soutos, nen carballeiras: o porcobravo é un animal extinto nunha Galizia sucesión de sanxenxos e benidorms, cabuxas por bovinas. O Main Porco estuda a posibilidade de acollerse a un novo tótem bestial: Main Corvo?

D. Corbin(1985-2043), estudoso do football británico na era da Depresión financeira anterior ao Brexit, escribirá sobre a arte balompédica na AGC: "following the tradition of the failing Armadas and short and tasty as spanish tapas in a spanish taberna: everybody eats, but just a few pay the bill, and the price. The king is naked."

No 2043 a axencia de viaxes Porcallada S.A. de capital mormente chino oferta unha Sino- GalicianCup nun suburbio de Beijing. Fálase da posibilidade dunha Inuit-galician en Thule, Groenlandia.

No 2043 o sociólogo M. Berreco (internado na UCI en estado de coma inducido) sementará polémica nun artigo científico o afirmar que a AGC sostense sobre a base dunha doctrina postfascista-maoísta de vínculos anarquistoides no social que xoga a ser democracia nas reunións gastronómicas.

A antropóloga B. Baristarain (1995-2043) abondará no tema para soster que a esencia íntima da AGC cheira a despotismo ilustrado e brinca de William Blake ao lacón con grelos con total naturalidade. Inda máis: escaravella na contradicción entre populismo porcalleiro e lingüistica estructuralista no EAM como modelo de erudición na era post-google no seu libro "Tolos e marraus nas mitoloxías contemporáneas" (edición secuestrada por orde xudicial)

Tamen interrompida por mor da xudicatura no 2043 atoparase a obra cómica do autor R. Balterras e a súa troupe: "Miserae e vitae dun P. Bravo". Do mesmo xeito unha exposición de hologramas computerizados que presentará un retrato intitulado Main Porco á maneira de E de Bàthory sen os problemas da menstruación, obra que será retirada da mostra nas primeiras 24 horas.

En 2043 un enguedello verbal circulará polos patios escolares: Quén é aquel que viste de negro e devece polas causas perdidas e pretende derrotar os albioneses en terra propia? Felipe II? Non: Main Porco.

(O psicólogo desviacionista A. Carballo (baixo estricta vixiancia médica por posíbel envelenamento por plutonio) sinalará tamén o feito de que Él gusta de retocar os seus retratos nos media como Stalin e que é posuídor dunha biblioteca de moitos volúmenes, igual que o Fuhrer.)

No 2043...
Vaise a luz.
Chaman á porta. 3 veces.
Eles están en todas partes. Quérennos mortos ou vivindo na súa Mentira.
Farewell and adieu.


Si La Verdad No Basta, ¿Exageramos?. 10 Años Cuestionando El Cuestionario

El arado está llegando al final del surco



El 10 de febrero de 2008 nacía este blog. Una década después, ustedes tienen muchas más preguntas que respuestas. Repasemos algunas cuestiones elegidas al azar. Las contestaremos algún día, en otro lado.

¿Qué pasó en Yardley Gobion?

¿Por qué la fecha oficial del inicio de la competición es la del 23-9-2007 si ya se jugó una edición el 30-4-2017?

¿Por qué si van XIV ediciones, sólo hay trece crónicas irrefutables y encima faltan las de la I y la II?

¿Por qué si van XIV ediciones hay sólo doce programas oficiales pero dieciocho toques a rebato?

¿Qué longitud tiene la Orange Plank Road?

¿Por qué el staff creativo tiene 18 miembros pero hay 23 autores distintos para 142 entradas?

¿ Cuántos usuarios únicos (u.u) están detrás de los dos millones de visitas de este blog?

¿Quién cojones va a ser el Delfín?

Los premios Larry Bowles y Derek Dooley's Left Leg: ¿se sortean, se regalan, se merecen en justa lid, se apañan?

¿Es cierto que el Main es el único autor de los 47.500 comentarios y de las 142 entradas que campean hoy por hoy en el marcador?

¿No es menos cierto que Boroman y el Main deciden los resultados de la Anglogalician Cup en planes quinquenales para que no decaiga el interés de la competición?

¿No es muy sospechoso el empate a 7 victorias?

¿Existe realmente el administrador Willy Sifones, conocido como la cara amable del genocidio?

Si hablamos de equilibrio territorial: ¿por qué se ha jugado 8 veces en Inglaterra por 6 en Galiza?

¿Se folla contra otras personas en los viajes?

Este blog es el pionero y buque insignia de un Enorme Aparato Mediático tan montaraz como de gatillo fácil. ¿Es necesario tal despliegue de medios de propaganda?

¿Sigue siendo Barrilete el entrenador dos Porcos Bravos?

¿La XIII fue tan escandalosa como dicen?

¿Capitanea más Lee o capitanea más Thomo?

¿Cuántas Purgas llevamos y el equipo galaico aún sin rejuvenecer?

No jodas, ¿en serio no jugáis al rugby? Yo creía que..

¿Queda mucho para Sheffield?

¿Vacuum Realism o Quantrill's Bunch?

¿Blades u Owls?

¿Brunas o Blondas?

¿Huérfanas o tractores?

¿Cuántos grupos musicales de buskerismo anglogalicioso hay sobre el escenario?

¿Quiénes y cuántos son los Porcos Bravos Orixinales?

Desde que Thomo estuvo por aquella arenas, ¿se financian los Stags de Sheffield con petrodólares?

¿Tendrán los stags algún día un color de uniforme estable?

En toda su historia ¿han tenido los Stags más de 50 jugadores?

¿Juegan os porcos bravos de negro por un tema germano?

¿Es realmente negra la camiseta dos Porcos Bravos?

¿Existe censura en el blog?

¿Tanto cripticismo es necesario?

¿Es tan violento el Rodillarato como señala su divisa Loyaulte me lie?

Cuándo publicamos entradas en inglés, ¿por qué hay Stags que se excusan diciendo que no entienden el idioma?

¿Llegará la Anglogalician a cumplir 20 años?

¿Dónde coño está Galizalbión?

¿Los comentarios corta y pega pagan derechos de autor?

¿Hay que limitar el tamaño de los comentarios?

¿Qué pasó con las emisiones de anothercowinthemillo.tv y las tiradas del Rubenfeld?

¿Cuál es el origen de Ronnie Farras?

¿Son Os Porcos Bravos una secta?

¿Son los boniatos de la Marcas Boniatas una mafia dentro de los Porcos Bravos?

¿Qué fue de los huéspedes y/o pacientes del Tártaro Laszlo Toth?

En estos tiempos, ¿no excede el enfantterribilismo definirse como blancos, heterosexuales y cerveceros?

Si drenan el Gafos, ¿habrá sorpresa macabra?

¿De verdad hay una placa conmemorativa de la Anglogalician en el Fat Cat de Sheffield?

¿Que otro equipo de fútbol que no sea el de los Stags o el de los Porcos Bravos tiene más seguidores en el cosmos Anglogalicioso?

¿Por qué hay una Cup expuesta no Grifón en propiedad perpetua si han perdido dos de las últimas tres ediciones y 7 de 14?

¿Es verdad que Coffee cazó un albatros?

¿En qué epígrafe de los Estatutos explican como adquirir la condición de porco bravo o stag?

¿Ctónico, psicopompos, somormujos, deturpado?

Coffee or tea?

¿Por qué nunca hacen dieta en las Dietas?

¿A qué se debe la sospechosa presencia de la rana Froggy Boasorte en varias entradas del blog?

¿Han visto el oraje de los cuervos cabalgando a Hildisvíni al norte del Norte?

El péndulo tiene Eco en la familia Clough?

Y la última va con dedicatoria: ¿qué hay después de la muerte?




Salchicheros de la historia anglogaliciosa, de la hecha con sangre, venís todos de una hoguera de vanidades donde el perro que ladra a la luna es el único que dice la verdad.


Still Life With Leather Monkey



“(…) una calle de Pontevedra que baja hacia el oeste” 
Ernesto Sábato - Sobre héroes y Tumbas 

O quizá era hacia el este. No recuerdo.

Se me pide que escriba y yo escribo, aunque no sin disgusto, porque era temporada de silencio, hora de dejar que las cosas resbalasen lentamente hasta el charco. Indagación del charco, después; días de ver la lluvia y leer a Hawthorne. Leer a gente que con un párrafo haga inútiles libros enteros de otros. Bibliotecas. Días de sentir la propia biografía contada desde tres siglos atrás, con el atávico placer del escritor que trabaja y al que todos miran de reojo, incapaces de entender que esa pasividad casi larvaria sea en realidad trabajo alguno. Esa época. Esas cosas. El escritor como desagüe y como filtro. El escritor como riñón hipertrofiado, y malhumorado, quieto allá en su mesa mientras la vida finge que pasa. Anotando charla ajena, quizá, en toda su luminosa estupidez.

-Yo es que soy bipolar.
-Ah, muy bien, chica. Hay que tener varios estilos.

El escritor con vastos planes enfrentado al café de la mañana y a la realidad de que incluso el mínimo orden, el que precede al trabajo, es ya extenuante. Él, que nació para conquistar los mares del sur y batirse en duelo en los tejados. Él, que se crió para ser notario y recuperar los herretes de la reina, bajo un antifaz, ocultando su contranaturaleza de fedatario público. Él, que estaba destinado a contener el alma de un pueblo, ya fuese en ratos libres; a trascender el sexo de la época, el género y la moda. Él, que ahora se afana en sostener pequeñas rutinas domésticas para que el alma misma no se le disgregue como una camada de ratones. Rituales mínimos, pasos medidos. El escritor ama de casa y ama de cría. El escritor que caza ideas que si no se apuntan adecuadamente se vuelven ilegibles al cabo de pocos días, cuando con pereza eterna regresa al cuaderno para pasarlas a limpio:



Nota1.- Dice S. que el lenguaje limita, y tiene razón. Siempre son mejores los que -ya sea por un instante- han sabido jugar a perros o a árboles.

Nota2.- La tentación de lo ilegible.

Nota3.- Ya que trabajamos para la síntesis, ¿por qué no vivir después (también) en ella?

Nota4.- El fruto de la acción es el aislamiento y el de la conexión la desconexión.

Nota5.- Los grandes hallazgos de Lou fueron el “says” y el retrato social a través de la conversación. El de Iggy, demostrar que un aullido sexual a tiempo tiene más carga semántica y generacional que varios libros de Foucault (Pop’s all about code/La síntesis)

Nota6.- La clave quizá no sea vencer al tedio, sino usarlo como combustible y aprender con ello a disfrutarlo, igual que uno descubre, con la edad, el placer en el dolor de la segunda fase de una endodoncia. (Nuevos milagros del Tedio)

Nota7.- La comunidad del carajillo/pitillo/sueldillo/carguillo/zurullo… todos unidos hacia La Gran Laconada Final…

Nota8.- Familia (y II ) - “(…) He acabado como los quijotes de mis ensayos. Y como todos los quijotes vuelvo a casa maltrecho a mitad de libro”.

Nota9.- La centralidad, en términos culturales, es siempre parcial y parcialmente inventada (el pulso de la época o el espíritu de la época es múltiple hasta que se consigna, amputando varios y quedándose con uno mediante propaganda, etc)

Nota10.- Hay lucideces de muchos tipos, y la más evolucionada es hermana gemela de la estupidez: esa ventaja genética que es al tiempo una inmolación ritual, pragmática y feliz.

Nota11.- “Viva la muerte” es la única frase lúcida del siglo XX.

Y así siempre. El escritor con su cedazo, ahí lo tenéis, intuyendo en la morralla la pepita de oro que nunca llega. Un lunático que abandonó familia, clase y amigos para estas noches, al cabo sin luna, y esta espera. No los hay de otro tipo. Tratando de convencerse de que hay una épica en todo esto. Terminando por no escribir más que de sí mismo, pero sin molestarse siquiera en encubrirlo. Madame Bovary c’est moi. Tyler Durden c’est moi aussi. Everybody is me. And you. Mi nombre es legion. Y aquí estoy, establecido con mis fosos, mis tenderos y mis putas, al fondo de un tonel vacío.

Nota12.- La feria de las microvanidades, que ni siquiera sabe pecar, blasfemar o divertirse a lo grande.

Nota13.- Contar batallitas que a nadie importan: sólo en eso he sido medianamente precoz (Precoz: de antes de la coz)

Nota14.- En la vida, hasta convertirse en esclavo es un trabajo de imposición sobre el otro. Una vocación de servicio es siempre una vocación de dominio.

Nota15.-
La Atlántida con franqueo pagado.
La vida en mayúsculas y a brocha.
La piel de la serpiente sorprendida (a media muda)
Por diez millones de turcos de permiso
Que beben orina y compran camisetas…

Se me pide que escriba, pues, y escribo, aunque contrariado, recogiendo retales, intentando juntar en las manos la ceniza del año recorrido. Preferiría, en cambio a esto, estar en una taberna cualquiera, en un pueblo cualquiera, bebiendo frente a una ventana. Las tabernas son importantes para el escritor, para este al menos. Las ventanas también. Y lleva tiempo queriendo anotar algo al respecto, una cosa concisa y secular para la que no está capacitado. Las tabernas, cruce de caminos. Las tabernas, Isla de la Tortuga particular donde se vierte esa morralla necesaria de la criba.

Hace poco un idiota hizo un comentario despectivo sobre una respuesta mía en una entrevista. Comentaba yo, en un inconsciente alarde de sinceridad, que era “de la escuela del bar”. Y es cierto que lo soy. Del bar como frontera, refugio, linde entre mundos, cobijo de toda la locura necesaria. Debió pensar el idiota en cuestión, que tal declaración me alejaba de lo profundo y me dejaba en el embarrado territorio de los punkis de base, el calimotxo y el esputo. Bueno, también he estado allí, y lo disfruté. Aún lo disfruto.

El Dr. Johnson, de quien no se puede decir que fuese precisamente un vago, o un borrachín sin criterio, o una malformada criatura del rock urbano, afirmó, como recuerda su contemporáneo Lichtenberg, que “una silla de taberna es el trono de la felicidad humana”. Por eso, suponemos, se reunía a debatir y emborracharse con los amigotes en el King’s Head, donde fundó su club.

El Dr. Johnson tenía síndrome de Tourette y alimentaba personalmente a su gato Hodges con ostras, que en aquel tiempo no eran manjar sino comida de pobres. Hodges es, desde entonces, una imagen del paraíso para el gallego tipo (si el gallego tipo leyese libros lo sabría): tiene dueño, haraganea a voluntad todo el tiempo que no emplea en adular al citado dueño y se hincha de ostras día sí día también. Y es por desgracia al gallego tipo al que me encuentro cuando bajo al pueblo en busca de mi trono de felicidad: en lugar de taberna (me hubiese bastado una de esos espartanos tugurios que Cunqueiro recordaba de su infancia) aquí hay sólo un café limpito y blanco -con wifi gratis, eso sí-. En lugar del rumor de la república pirata, una tertulia de sesentones orgullosos de poder pagar vino bueno, que se note, y ser gente de orden, parloteando sin cesar con frases prestadas de la televisión. Y al fondo una partida de cartas de cabestros que aprendieron a jugar al tute arreando ganado. Echo por tanto de menos mi taberna de Portugal, a dos o tres kilómetros de la casa a través de un bosquecillo. Aquella estancia gélida y despoblada con parroquianos menos henchidos de sí mismos que consigné en un descarte de un libro y que Johnson, creo, hubiese aprobado:

"Este es el muy apropiado momento, necesario en cada libro, en el que –mientras trabaja hablando de cómo otros trabajan- al autor se le va al carajo la computadora llevándose por delante un par de capítulos a medio hacer, justo cuando ya veía la orilla final, allá a lo lejos. Así, amputado, uno vuelve a escribir a mano y a aporrear la máquina, y se toma un respiro alejado del chat de Facebook, los we transfers que entran y salen, twitter y otras herramientas de colonización mental (muy útiles, por otro lado). Los días siguientes consisten en paseos hasta la tasca de la parroquia, donde atiende una señora sospechosamente parecida a Moe Tucker, y en contemplaciones varias. Se deja que las cosas frenen un momento y reposen, se mira el valle, abajo, con la niebla eternamente posada. Aún no es primavera. Se escucha un acordeón de domingo, se observa a un viejo que juega con un perro. Se pasa por delante de un entierro. Se comprueba que los cerdos del vecino han tenido una camada nueva. Se piensa libremente, por un momento, no en cadena sino creando cadenas nuevas, eslabones difusos. Bonita época la edad de piedra, que le decía Groucho Marx a una señora que recordaba su juventud, en aquella película.

En uno de esos paseos entre la casa y la tasca, recuerdo otra vez los trenes nocturnos. Es un pensamiento recurrente mío, raramente articulado: Es en los viajes en tren por la noche y en los pueblos pequeños en los únicos dos lugares donde me siento en paz con esta Iberia nuestra sin necesidad de estar borracho. Curioso, porque ambas situaciones son cualquier cosa menos una evasión.

Están los pueblos, donde la sociedad se dibuja en toda la claridad de sus servidumbres, pero –esa es la clave- está también adecentada de sus formas más vergonzantes y gratuitas. Se puede observar al humano como caso clínico puro, y tanto su estupidez como su dignidad se pueden aislar con cierta facilidad.

Están también los viajes nocturnos, esos momentos casi oníricos en los que uno mira afuera, a la noche, y ve pasar los lechos de los ríos, los bosques, el llano y las luces lejanas, pero también toda la secuencia de los patios de atrás, los muelles de carga, las garitas de vigilancia, los perros atados, la bombilla aún prendida de alguien que no es capaz de dormir. Es la secuencia de lo que sobrevive de la naturaleza y al tiempo la foto de las líneas de suministro para el entramado del día urbano; la franja fronteriza a la que, mentalmente, uno pertenece. La linde, el cruce de caminos donde ambas sociedades existen por un momento superpuestas.

En ambos esqueletos, el del pueblo y el de esa frontera difusa, atisbo una dignidad que en la ciudad ya sólo encuentro deformada, estilizada hasta la aberración, vacía. Una sociedad, sus entresijos ocultos, su bulla, su silencio, son cosas que es importante observar cuando hablamos de hacer canciones en el idioma que esa sociedad usa, pienso. Y me pido otra cerveza. Y Moe Tucker me la trae".

Como verá el lúcido lector, el texto es más un elogio de la pausa y del trayecto que del espacio mismo al que se viaja y del que se vuelve. Aunque éste bien hubiese valido un libro, o el comienzo de un libro. Decía Stevenson que hay lugares que “piden” una historia. Y así es.

Y nosotros escribimos las historias.

Nosotros, más sociales y asociales que nadie, obligados a componer un ser fronterizo, un vampiro tosco, el más improvisado de los seres, el menos pautado de los monstruos grotescos, el esclavo de “recuerda que sólo eres un hombre” que un día decidió tirarse al monte harto del humillante y riesgoso trabajo de soplarle al cesar en la nuca. Y, tirados al monte, ya se sabe, no queda sino la preferencia por el camino secundario. La tramoya en lugar del escenario, el tugurio poco iluminado frente al nítido espacio de coworking. Prejuicios románticos que guardamos como quien conserva (¿tontamente?) las primeras cartas de amor, a modo de brújula. Y eso ya será siempre así. Nos obligaron a ella, y acabamos amándola. Somos un matrimonio concertado que deviene feliz, nosotros y la sombra.

Decía mi amigo L., que no es del todo imbécil, que a él en la vida le hubiese bastado con ser un secundario de película de Peckinpah. Lo encuentro acertado. Deseable. Y siempre que pienso en todo esto recuerdo aquella otra película fallida, “Ride with the Devil”. En una de sus escenas, huyendo de un caseto donde han sido sitiados, uno de los rebeldes recibe un disparo que le atraviesa la boca de lado a lado sin matarlo. Luego, mientras cabalgan por una cañada, bebe agua de una cantimplora y el líquido se le escapa por los orificios de las mejillas, como si fuese un dolorido manantial humano. Pero aún así cabalga.

Regreso después a lo mío, a la criba, al vuelo, aun goteando. ¿En qué pienso, hoy, cuando cierro finalmente esta pequeña divagación requerida por la Anglogalician Cup?

Pienso en el modernísimo párrafo final de Secuestrado; en la necesidad de regalar un ejemplar de El Péndulo de Foucault a cada ocultista de salón, para que aprenda a medir el universo con la mera ayuda de un kiosko de prensa; en la gloria del arabesco cuando se le hace bailar en torno al alma en un bosque de Massachussetts (Hawthorne otra vez); en los exorcismos de baja resolución de otros como yo; en la decadencia de la poesía galaica, como una moneda ya lisiada por los maestros y los años; en la soledad tornada en gracia en las novelas del principio del mundo. Torga, Hamsun. En un viaje futurista y paradójico, de noche, guiando un Chevy, subiendo hacia Sintra, hace acaso un siglo. En el canto espectral de las mañanas, que todos han visto igual que uno, y la necesidad de escoger para él las palabras prestadas y adecuadas. En la lengua como una herencia cosida al paladar. En la amputación como principio. La castración como inicio. La sangre como primer y necesario vínculo del yo consigo mismo. Pienso en la vida disfrazado de mendigo, la única vida tolerable.

Nota16.- -Las edades de lucidez tienen puertas de desgracia. Bendito el que sepa acceder a ellas por puertas de placer.

Nota17. -“Apartarse no sirve, sólo enfrentarse”. Esta frase se puede invertir y no deja de ser mentira.

Nota18. -Waitress & Mermaid / two poorly paid professions…

¿Soñabas con todo esto cuando tu padre te sostenía en sus rodillas y te leía Miguel Strogoff? ¿O era el humo de la pólvora orlando las goletas en el Spanish Main? ¿O era el calambre eléctrico atravesando la piel, bajando por calles siempre nuevas? ¿Los tesoros ocultos? ¿El amor incontenible? ¿Fantaseabas con algo así cuando se abría la vida? Lo dudamos, pobre paria. Y sin embargo esto es lo que resta: perder el miedo a la repetición y entregarse al feísmo, es decir, a la vida. En el día es una tarea inmensa, dolorosa, pero uno no escribiría si no sospechase que la página puede ser, en eso, muy distinta del día. Sí, esto es lo que hay. La linde, la noche, el trayecto de la taberna a la casa. Y el mundo contenido entre ambos. Y la ventana, de la que hablaremos otro día.

Nota.- 19

(…) Tuviste sueños de fiebre y en esto han coagulado:
Muchos libros, un cónclave de cuervos, fuera, el
Resplandor de un invierno de neón
Y una casa vacía, excepto por el gato (…)

“Esto no es un hotel”, le he dicho a ese gato, precisamente, que me saludaba hoy al regresar a casa. A estas alturas mediadas del fracaso ya no sé ni cómo catalogar mi tipo de humor. Pero río igual.

Sirva de velada advertencia, aunque las advertencias sean siempre inútiles.




Of Mice And Druids. Cold Flowers From The North Riding



In the current climate of Tory Narnia, wherein the grey-skull right-wing witch of Universal Callousness defends dogmatic cruelty by chillingly spouting bogus figures, like a terrifying echo from World history, inevitably our minds need some memory to jemmy us out of our slough of despond. Like the recent Indian Summers in the season of greyness and windy destruction, my mind was easily drawn back to earlier in this godforsaken year to Sheffield, England and a weekend of camaraderie and respectful competition called The Anglo-Galician Cup. This year I was fortunate enough to be invited to witness this brilliant event, and it just so happened that it was the tenth anniversary of the event, so emotions were running high.

On the Saturday, my brother, Bill Boroman McCartney, and I set out for Fagins pub in the heart of old Sheffield, with the intent of spending a few hours with Stags and Porcos Bravos, in a social preliminary to the football contest on the Sunday. This social scene turned out to be like meeting James Joyce in his Ulysses mood, as the crack and musical improv became an engrossing, epic narrative. I sat back in admiration and revelled in the superb turns from talented musicians on both sides of the relationship that defines the Anglo Galician Cup. In the seventh hour of this musical treat, spirits still unflagging, we were regaled by a stirring punk rendition of a Bob Dylan classic by, I later discovered, the lead vocalist and guitarist in Gog Y las Hienas Telepaticas. Joao Avalanche with spontaneous generosity soon after sent me, gratis, a t-shirt and CD of the band’s second album, Choke/Drown. I am now a bona fide fan and have thoroughly enjoyed Gloat,and their third album, Triad.

The Sunday saw me, in the fairly early morning sunlight, wilfully contributing to dragging goals into position for the match, as the Stags and Porcos Bravos did their prematch exercises. It was telling that some of the Porcos Bravos players were more inclined to walk around thinking rather than running up and down; stretching mental muscles to counter the youthful Stags, who were setting the artificial turf alight with their sprints. Soon after the kick-off, this strategy was realising its worth as The Stags created some early chances, and even scored after ten or so minutes from a vigorous and accurate move.

The Stags also went close from a Chris Waddle-type free-kick as their physical fitness stretched the seasoned legs of the Porcos Bravos. However, as the game went on, the Porcos Bravos nous began to resemble a Muhammad Ali bout, as they soaked up pressure, countered cannily, and kept the score to a precarious one-nil, right up to the eighty-ninth minute. As we know possession is nine tenths of the law, but it is that tenth finish that can define football matches. When a Hamlet-like kerfuffle took place in the Stags box, the referee was compelled to point to the spot. Anyone inclined to go to the pub early were spinning on their heels to watch the drama unfold. Up stepped Fer to deliver the most delightfully insouciant spot kick you are ever likely to witness on any world continent. Each witness was, for their own reason, somewhat lachrymose; a cocktail of tragedy and triumph and neutral aesthetic admiration filled every glass with cheer... and confusion. What did the draw mean? Who had retained the Cup? It was finally decided penalties were the answer. Each goalkeeper filled the goals with their presence, but The Stags filled the Porcos net on a ratio of two-to-one, so The Stags had won the Tenth Anniversary Anglo-Galician Cup. The handshakes were steeped in mutual respect, even more than the celebratory lunch was is gravy.

The international group moved on to a grand hotel in Sheffield, the name of which escapes me still, but I’ll not forget the sumptuousness of the surroundings and the whole feeling of friendship as all and sundry shared a lavish and generous Sunday lunch, before going to old industrial Sheffield for a Kelham Island pub crawl. New friends and old commingled in the socially rich atmosphere of the real ale trail of old and new Sheffield, and the value of The Anglo Galician Cup was palpably enhanced. And, like memory, hope for the future is required to resist heavy existential gloom, so consequently, my mind is constantly envisaging the next instalment around springtime 2018, and the enthusing prospect of visiting the beautiful and vibrant Pontevedra.

Enchedela de Calacús

Quien lleva un borracho dentro, quien lleva un borracho que al despuntar el día abre sus alas largas



En el último capítulo hablábamos de una manada de animales hipoxifílicos adictos a los espacios mal ventilados. En la larga marcha hacia el reverso de la lógica, sus cuerpos patafísicos se arrastraban sostenidos por aquella mitomanía nostálgica de idealismos que parecía fértilmente sembrada de cadáveres de figuras parentales pero luego no tanto. No tanto porque esos padres, putativos en su mayoría, se resistían a morir calladamente, como se ha demostrado, pero con enconada insistencia, debido a tentadoras promesas de tiempos por venir que les valían tanto como un cielo eterno de cerveza o un paraíso lleno de huérfanas-para-siempre. "Sigue sigue que yo te aviso", les cantaba el demiurgo exhalándoles contra el occipucio con hálito vehemente. A los animales y a los padres.

Pero no es cosa de volver sobre temas aborrecidos. Veníamos a escribirles otro cuento, a cuento de lo que se cuenta en los corrillos, entre birras y carrilleras. Los sueños sueños son y dormir no mata a nadie, pero a todos nos ha hecho perder algún tren. Puede que señalar con el dedo esté mal, pero también te pueden marcar con un abrazo, un beso piadoso o la mota negra, y eso ya es más discutible. El tema es, sí, lo han adivinado, la erección de la novena estación del viacrucis anglogalicioso, aquella que se refiere a la tercera caída del Main, justo antes de que lo despojasen de sus vestiduras y, harto de cerveza, consumase la pública autoinmolación que precedió al primer renacimiento de la Cup.

El anuncio de la ejecución del nuevo grupo escultórico de lansquenetes por parte de un conocido artista local se ha convertido en la noticia cultural del mes en Tractorville, donde todas las decisiones del Enorme Aparato Mediático (EAM) son sometidas al escrutinio de la ciudadanía aunque ignoren sus votos. El elegido ha sido, de nuevo, Ladillao Cubeiro Cantalupo, tallista especializado en evoraria, experto en nada, feble porculeado, discípulo de Grant Wood, aspirante a Henri Gaudier-Brzeska  y pontificador de todo.

Debido a esto, la futilidad intelectual de Vigo, siempre olisqueando la última Mierda que quiso ser Sirena y no supo nadar, ha vuelto a ceder a Ladillao, ganador entre otros del Premio Úbeda al Pastiche Pírrico o el Camilojosécela a la Ingesta de Paralipómenas o el Premio Bomba Alemana en Sheffield, este último otorgado por sus innegables habilidades swallow cum, al Rodillarato, para que cumpla su destino final de Gerasimov del Main.

Nos entrevistamos con Ladillao en O Farol de Bueu, bebiendo cualquier cosa con etiqueta roja, demanda expresa del artista, rojo él mismo de tez y de entrañas y senescente lepidóptero en las saunas de Miskatonic.

MB: ¿Cómo estás Ladillao Catamito ¿Qué tal se te ha dado el último año aparte de escozor?
LC: Hola Mike, pues estoy encantado de seguir con vosotros en esto. Ya son creo que cinco años y tres de los nueve grupos que forman este viacrucis maravilloso en cuya creación estoy teniendo el honor de participar. No tengo palabras para agradecer la confianza que el Main ha depositado en mí. Si no fuera por él... La verdad que el año no ha ido tan bien como esperaba, se ve que no todo el mundo tiene vuestra sensibilidad para el arte y, claro, no es que me hayan llovido los encargos para caer de culo: los murales con capuchas blancas, las cruces gamadas y las hoces que martillean no están tan de moda como los árboles ardiendo o los exiliados.

MB: ¿Con qué nos vas a sorprender en esta ocasión?
LC: Pues no quiero contar mucho... pero lo que puedo asegurar es que será una gran obra y no dejará indiferente a nadie. Estoy particularmente orgulloso de la figura central, ese Main a punto de sucumbir y abandonarlo todo, vencido por el peso de la Cup y esas juventudes vestidas negras desfilando con antorchas buscando una mezcla de Redención y Venganza.

MB: Ciertamente su pasión ha inspirado a muchos. Con esta habrás esculpido dos de las tres caídas del Main, ¿cómo es retratar en un momento de duda a un personaje tan inefable como él? ¿Crees que la expresividad trágica que mostrabas en su rostro en el anterior grupo respondía a sus sentimientos durante aquel trance?
LC: Bueno, a ver, las cosas del arte no son como las de la vida. Hay que tomarse ciertas licencias y en este caso, para penetrar el pellejo correoso del porco de a pie y otros posibles seguidores de la Causa, consideré que debía idealizar un tanto su humanidad, no manifiesta, como sabemos, en busca de un gesto, una mueca de derrota que en el rostro glabro del Main no asoma jamás. O yo no lo he visto nunca. Esta vez será un poco distinto, pero sí, claro, hay que acercar el personaje a la gente.

MB: Aún así, ¿sigues explotando la veta del realismo?
LC: Con fruición. Desde que me especialicé en bebedores no encuentro motivos para apartarme ni lo más mínimo de la realidad. Todo lo que buscaron en el hombre los genios que ha habido en la historia está ahí, en el sufrimiento del bebedor.

MB: ¿Eres bebedor?
LC: Todos llevamos un borracho dentro.

MB: ¿Desde cuándo sigues la AGC?
LC: Bueno, a decir verdad es ella la que me sigue a mí, no sé cómo explicarte. Hace diez o nueve años coincidí con una pandilla muy amena en una tasca en Camposancos, ahí en la desembocadura del Miño. No eran de allí, solo se emborrachaban de bar en bar. Me contaron que pertenecían a una organización o algo así, al principio no entendía, había un trofeo, viajes a Inglaterra y un líder al que llamaban Main. A partir de ese día, como por arte de magia, en cada bar que pisaba me encontraba con uno de ellos, hasta que al fin me presentaron al Main y enseguida se interesó por mi trabajo como escultor. Me parecía un delirio su proyecto, pero al cabo de un tiempo me convenció para tallar aquella quinta estación, la de Willy Sifones ayudándole a levantar la Cup.

MB: Un momento memorable en la historia de la AGC. ¿Cómo ves la parte deportiva de todo esto?
LC: Bueno, el rugby no me gusta mucho, y los ingleses no tengo nada contra ellos, pero no sé por qué no compiten contra alguien de A Coruña o algo así, sería más fácil seguir la parte deportiva.



MB: En realidad juegan al fútbol, y van a Inglaterra por el fructífero intercambio cultural, además del caché que da lo de ser una competición internacional...
LC: Sí claro, fútbol, rugby, polo... No sé, la cultura inglesa está bien. Me gustó mucho The General, y aquella de los drogatas era buena, tenía ritmo. Lo siento, no me interesan ni los deportes ni Inglaterra, y el alcohol me afecta mucho por la mañana. Habré visto uno o dos partidos y siempre me dio la sensación de que se pasaban el balón con las manos. Lo habré imaginado.

MB: Volviendo a la escultura, ¿cómo llevas las críticas? Se han oído algunas muy duras vertidas desde altos órganos del EAM
LC: Si no hubiera críticas estaríamos haciendo algo mal. Sin duda las críticas son respetables, pero el tiempo demuestra que a veces la gente tiene falta de perspectiva.

MB: Perdona si insisto, pero se habla mucho de amiguismo y un grupo de artistas empapados en absenta han firmado un manifiesto contra el arte hiperdecadente señalándote como su principal representante...
LC: No te preocupes, entiendo que la gente tiene derecho a presenciar un debate público. Escarnio e maldicer. Yo soy un artista y de momento gozo de la confianza del EAM. Cuando no necesiten de mis servicios me iré por donde vine, con tristeza pero con la conciencia tranquila. Si toca recordar tiempos mejores habrá que resignarse. En cuanto al manifiesto se lo pueden meter por el culo. Cuando los juicios morales y las negativas rituales eyaculadas por el mundo del artisteo se acaben seguiremos limpiándonos el ano con hojas de maíz. Su problema es que se creen que el arte importa algo, que nosotros debemos hacer algo por el arte, como si fuera una divinidad o Hacienda. Hay que perseguirlo, sufrir por él, rendirse ante su pureza que nos hace trascender. Todo eso es mierda. Hay miles de artesanos mediocres para millones de personas con mal gusto. Esa es la realidad del arte, lo demás es turismo y especulación. Yo acabaré en una cuneta, cuando la Manada me cale.

MB: Aun así, sabes como yo que existe un alto tribunal del Rodillarato del que pende el EAM que se ocupa precisamente de garantizar la calidad de sus producciones.
LC: ¿Cuál es la pregunta?

MB: ¿Son ciertas las acusaciones? ¿Es un corralito la AGC? ¿Te la cascas con el Entartete Kunst? ¿Hay algo en el arte que produzcan los ingleses que sea mínimamente serio? ¿Son Cisco&Miño dos genios o son relleno para el pavo?
LC: Te repito, yo soy un artista. Un artesano. Últimamente la gente se empeña en saber la opinión de chusma como yo sobre temas que nos superan. Nos conciernen pero están por encima de nosotros. Yo puedo darte una opinión, pero no beneficia a nadie que tú vayas y publiques en tu periodicucho que Ladillao dice esto o lo otro. Eso complica el desarrollo de los acontecimientos. Hay que recuperar la humildad. El Rodillarato es cualquier cosa menos humilde y mi gatillo es el propio pensamiento.




Dar la mano siempre ha sido lo que yo esperaba de la alegría.
Hoy no se la ofrezco a Ladillao.
Ya sabes que siempre hay un nuevo mundo en el otro extremo del puente
on the pale yellow sands.
Si agudizas la mirada, la soga es visible en toda su belleza
como quien su propio cabello de cerda, y un erizo
tirará de la cuerda.

Na Terra Dos Porcos Bravos: Onde Alguén Cre Que Lembra E Di "Aqueles Si Que Eran Tempos Bos!" E Ninguén Sabe Ben A Que Tempos Se Refire



Gael llamaba a gritos a su progenie.

¡Venga, niños, ya es hora de acostarse! ¡Venid aquí que el abuelo os va a contar una historia!

La estirpe estaba escondida, no quería asomar, la verdad ya estaban aburridos de la vieja historia del viejo abuelo Barrilete.
Lo más curioso es que al principio la fábula era tan entretenida y tan políticamente incorrecta que era su favorita, pero después de escucharla más de 300 veces, devino en muermo y obligación. Y eso que al abuelo Barrilete le había ocurrido una cosa muy curiosa y era que su memoria había quedado tan parada como una de sus paradas en el año 2017, que fue para los que no se coscan y los niputas, el año del X aniversario.

Había acudido a infinidad de médicos, médicos de todo tipo, brujos, curanderos, curas, zahoríes, pero al final el diagnóstico era siempre el mismo:  el haber estado más de nueve meses sin tomar ni una gota de alcohol, le había causado ese destrozo en el cerebro.
Desde entonces y por si acaso, a ningún otro miembro de los Porcos Bravos se le había ocurrido ni de cerca, estarse más de 24 horas sin tomar al menos una pinta.

Desde aquel lejano y nefasto año 2017, habían intentado recuperarlo para la Causa.

En los partidos como local, jugó un par de veces como guardameta, pero con resultados negativos, como resulta que había perdido la memoria pero no se acordaba, no sabía a quien pasarle la pelota.
¡A los de negro, joder, a los de negro...!- le gritaban sus compañeros desde el banquillo.
¡A los gordos, fíjate, que los gordos son los nuestros!- le insistían los seguidores porcobravos desde la grada.... ¡cago en...., que se distinguen bien! Pero nada, que Barrilete no acertaba a quien darle el balón y eso le costó que lo echasen del equipo en una de las incontables purgas que se dieron por aquel entonces y que se siguen dando

De vistante, intentó ir a un par de viajes más, pero el problema era que a la hora de embarcar, no recordaba donde iba y una vez tuvieron que ir a buscarlo a un país del Este y otra más a Tailandia. De ir a rescatarlo se encargaron unos buenos y veteranos compañeros del equipo. Aunque sinceramente en este punto siempre hubo muchas, muchas dudas de que Barrilete no supiese a ciencia cierta a donde iba, y de que sus compañeros necesitasen casi una semana para traerlo de vuelta.

Fuese como fuese, Barrilete quedó anclado en el 2017 y por supuesto no se había enterado de las cosas que habían ocurrido en las siguientes cuatro décadas, por ejemplo:

- Que los Stags, que cada dos años, cambiaban de jugadores, llevaban 25 años seguidos sin perder la Cup.
- Que Martín, que se acercaba a los 100 años, aún era el delantero titular de los Porcos y era todavía el máximo goleador histórico de la competición. Y no era el único, al menos 6 de los 9 jugadores que habían visitado Sheffield con motivo del XL aniversario de la competición, habían disputado el partido de la X en el 2.017. El MAIN continuamente decía que iba a renovar el equipo, pero "sempre andas decindo pro ano que ven, e chega outro ano e pasa tamén..." y seguía manteniendo su plan B en la sentina del Pequod.
- Que en Pontevedra, habían sustituido la estatua de los heroes de Pontesampaio, por otra de los Porcos Bravos originales, y que además le habían puesto una calle a su nombre a pesar de sus políticas segregacionistas que ellos llamaban Tradición.
- Que Gael había disputado tres partidos con los Porcos Bravos pero había optado por continuar y acabar su carrera deportiva en el Liverpool, equipo del que era hincha desde pequeño.
- Que con motivo del XX aniversario, habían viajado algunas mujeres propias y extrañas en la expedición de los Porcos Bravos, e incluso alguna disputó algunos minutos en el partido, razón que casi le cuesta la cabeza al mismísimo MAIN, pero que no se sabe como consiguió salir una vez más indemne de este hecho.
- Que el MAIN seguía designando un nuevo delfín cada 12 meses y ahora veraneaba en Corea del Norte.
- Que en la grave sequía de los años 20, se montó un gran revuelo en la ciudad, cuando el río desapareció y aparecieron unos inquietantes restos.
- Que la Anglogalician había sido tomada por la música y ahora consistía en un festival de conciertos tecno-celta que duraba cinco días y donde el partido no era más que una simple anécdota de 10 minutos cada parte y 15 jugadores por equipo.

Pero no, ni estas ni otras muchas cosas podía contarle Barrilete a sus nietos porque su cerebro había quedado anclado en el 2017.
Así que cuando los encontró escondidos no faiado, tras alinearlos, empezó con su sempiterna cantinela

-Niños, os contaré una historia que seguro jamás os habré contado -dijo.

Recuerdo en el año 2007 cuando después de bebernos el río Trent y sus afluentes llegamos a Sheffield una soleada mañana y vimos en un campo de futbol a un francotirador, ese mismo que diez años después me volvía a marcar.

Recuerdo como en un extraña relación, las porterías fueron haciéndose más, más y más estrechitas, mientras que nuestros jugadores fueron haciéndose cada vez, más, más y más anchos.

Recuerdo como los ingleses nos hacían trampas y cambiaban los jugadores de su equipo a su antojo y que cada vez eran más y más jóvenes y delgados, mientras los nuestros seguían siendo los mismos.

Recuerdo todas las millas recorridas por las carreteras inglesas y todas las ciudades y pubs visitados, bueno al menos todos y cada uno de ellos hasta  la quinta pinta, que es donde comienzan algunas lagunas y todos los reflejos en el estanque.

Recuerdo el Fat Cat el 23 de Septiembre de 2007, cuando toda esta locura vio las tinieblas.

Recuerdo todas y cada una de la XIV ediciones que se han disputado hasta este momento, (el pobre no sabe que van más de 50 ediciones) y recuerdo, todas las victorias y derrotas, sobre todo la última, en esa fatídica tanda de penaltis (en la poca conciencia de esos Porcos Bravos, tiene que recaer la culpa de que Barrilete esté así, porque de haber tirado bien los penaltis, él se habría tomado la pinta de la victoria y su cerebro no se habría parado).

Recuerdo...remember

Para que no siguiese, el pequeño de los nietos y el único que aún no se estaba haciendo el dormido, le preguntó.

- Sí ya abuelo, pero ¿por qué nunca nos dices que pasó en Yardley Gobion?

- Uhhh, pues no recuerdo yo nada de eso -dijo Barrilete, que se levanta, se despide de los nietos y entonces apaga la luz, y luego apaga la luz.


A década prodixiosa: standstill & fight. Unha crónica non futbolística dunha paixón compartida



Unha biografía é, no fundamental, a narración dos fracasos que constitúen calquera vida. Unha enumeración das oportunidades perdidas e un catálogo de eleccións erradas. Nese amontoamento inconexo de pequenas catástrofes contidas a duras penas tamén hai sitio para os acertos, para os trens collidos no momento xusto, para a gran onda que algún enfila correctamente cando xa todos os demais cansaran de esperar en balde. Unha biografía é unha receita de cociña na que case sempre os pratos quéimanse ou andan escasos ou pasados de sal, un chiste malo repetido mil veces que a mil unha fai rir a un par de rapaces ao fondo da sala. Malia todo isto e tendo de mantra vital aquilo tan becketiano de “Tentáchelo. Fracasaches. Non importa. Téntao de novo. Fracasa outra vez. Fracasa mellor” un aínda pode levar sorpresas no devenir da súa existencia e sentir a aspiración do tren que pasa a carón dun mesmo e, levado dela, saltar e agarrarse ao tren aínda a risco de estomballarse contra as vías.

Era 2007 e por aquel entón o PSOE de Rodríguez Zapatero estaba á fronte do goberno do estado expañol. Galiza vivía os únicos catro anos da súa historia gobernada por algo que non fora a herdanza sociolóxica do franquismo. Aínda non sabiamos que coño eran Goldman Sachs, Merryl Lynch, os Lehman Brothers, Fanny Mae, Freddie Mac, as hipotecas NINJA ou os SWAPS a non ser que un se adicara ao turbio mundo das finanzas internacionais ou aos créditos hipotecarios. As vivendas de nova construción florecían como regadas por unha riada de cemento fresco e créditos baratos espallándose polo territorio grazas ao grifo das caixas de aforro aberto a toda potencia. Por aquel entón un traballador da construción podía levantarse uns 3000 € ao mes sen demasiado problema. Tamén, se tiñas un contrato de seis meses e unha nómina de 600-700 € tiñas acceso seguro a un crédito de 150.000 € (“so a casa? veña ho, poñemos tamén o coche!” escoitábase cada día deceas de veces en cada sucursal bancaria do estado). A vida presentábasenos baixo a forma un catálogo interminable de produtos a disposición de todo aquel que tivera un mínimo de liquidez. A promesa capitalista de riqueza infinita semellaba realizarse. Entre Fukuyama e Aynd Rand, poñéndolles velas aos economistas da escola de Viena e os seus discípulos de Chicago, declarando a súa paixón por aqueles sociópatas chamados Reagan e Tatcher, certa clase social concluiu que a utopía capitalista estaba realizada na terra. Aos excluidos do reparto, aos pobres, aos descontentos en xeral podían darlles moito. 

Pero era 2007. O mundo empezaba a emitir as alarmas temperás de que algo ía realmente mal na esfera económica. Na Galiza, o ruido dos Audis e os BMWs e os Mercedes mercado cos créditos hipotecarios inflados impedía escoitar o rumor que estaba a propagarse. O “capitalismo popular” estaba a piques de implotar e de levar por diante á clase media occidental. As élites financieiras proclamaban o seu credo: créditos baratos, moral calvinista de quita e pon, smartphones para todo o mundo e vacacións en Benidorm ou Magaluf: que máis podedes pedirlle á vida?

Mentras tanto, alleos (ou non tanto) a todo isto, nalgún intre do outono dese ano un feixe de afortunados asistíamos a unha voda singular na provincia de Pontevedra (omitiremos datos para manter a intimidade dos protagonistas). Se ben a historia deses días foi contada xa neste blog, retrospectivamente, e para ser aproximadamente exactos, quizais poderiamos dicir que a orixe da AGC, o seu indeterminable momento cero cuántico, podería sitúase nese punto estraño calculable facendo a media aritmética do 30 de abril, do día desta voda e o do 23 de setembro de 2007. Dous partidos de fútbol e un casamento foron precisos, pois, para que a competición puidera arrancar.

[No campo de The Pines seguía xogándose aquel verán de 2007 a piñon fixo, como nas tres décadas anteriores, sen descanso, malia o declive da estirpe futboleira das marcas boniatas nos torneos do Morrazo. As camisetas do Birra´s Klav gardadas en caixóns pechados fai tempo esmorecían sen uso dende facía anos.]

Era 2007, sincronías e reverberacións inundaban o ar. Algunhas biografías arrancaban un capitulo novo cunha perspectiva incerta. Unha ponte invisible entre Galiza e Inglaterra era construída entre vos de avión, partidos de fútbol e tours turísticos por localidades dun e doutro lado entre toneladas de comida e miles de litros de cervexa. O tren arrancaba por unha vía nova, a onda que asomaba polo horizonte estaba lista para ser collida, só había que saber vela no horizonte. Un feixe de escollidos secundaron a chamada coa inconsciencia dos pioneros, con algo de vento en contra pero coa convicción de estar sendo reclutados para algo que sería importante nas súas vidas.

Pasado ese ano as cousas precipitáronse. Mentras a economía norteamericana despeñábase da man das hipotecas subprime e o pánico financieiro entre 2008 e 2010, as relación anglo-galaicas ían cristalizando nunha rede de actividades que entremezclaban concertos e presencia en internet. O nacemento do EAM o 10 de febreiro de 2008 non é unha data menor: a mitoloxía anglogalaica precisaba dunha narración, dun léxico e dunha iconografía. A construción do mito foi levantada entre toques a rebato, programas oficiais e crónicas irrefutabeis. Polo medio, plumas recoñecidas das letras galaicas e mercenarios (mal)(ben)intencionados contribuían a levantar o edificio anglogalicioso na súa vertente comunicacional-literaria en internet. Algúns termos comezaron a espallarse de forma infecciosa: rodillarato, main porco, Ronnie Farras, delfines, piontas, tractores, orfas, yardley gobion, orange plank road, deturpado, ctónico: escribirei a lenda e esta pertenecerame. A besta crecía mes a mes alimentada por un batallón de lansquenetes del odio, por unha poboación estable de usuarios únicos e por mil e un perfís falsos e verdadeiros que xurdían coma se un outono interminable deixara unha estela de cogumelos na xungla de internet.

En 2009 Barack Hussein Obama II acada a presidencia dos Estados Unidos. Dende ese ano inxectará case 800.000 millóns de dólares para estimular a economía norteamericana. Mentras, en Europa, as políticas económicas baseadas na inxección salvaxe de liquidez na banca, o recorte brutal do gasto público e as esixencias de privatizacións farán que nos vindeiros anos as resacosas economías post-burbulla inmobiliaria do Sur de Europa entren nunha das peores crises da súa historia. Malia todo isto, os xogadores anglogalegos resisten. Sacando fondos dos seus aforros e recortando doutros gastos, perseveran na ronda bianual ata que a cousa deixa de ser sostible. Si, a crise, finalmente, afectará á AGC reducindo os partidos de dous anuais a soamente un. Mentras tanto proliferan as entrevistas no blog aos protagonistas do invento. Institúense premios aos mellores xogadores de cada bando. As autoridades de Pontevedra e Sheffield entran na roda de recoñecementos e a influencia da Cup espállase paseniñamente pero sen pausa por todo o globo. Os usuarios únicos e os poboadores oficiais de Galizalbion dispáranse entre 2010 e 2012. As guías de pubs de Londres e Liverpool imprímense en recunchos de toda a península ibérica e pasan de man en man como unha especie de biblia segreda necesaria para introducirse no culto cervecero nas illas británicas.

ruling the world


No 2011 acontece o 15M, preludio do que será un cambio no reparto de poder partidista a nivel estatal uns anos despois. O PSOE de Zapatero é derrotado nas urnas en novembro polo PP. Á fronte do goberno atoparemos a un grisáceo rexistrador da propiedade chamado Mariano Rajoy, casualidades da vida, pontevedrés de boa familia e fillo directo daquel franquismo sociolóxico que segue a gobernar a Galiza. A AGC, pola súa banda experimenta novas convulsións a partires de 2013 coa aparición de Cisco&Miño, terroristas gráficos sen patrón coñecido adicados a provocar polémicas necesarias e das outras coas súa gráfica de vocación dinamitera. En pouco tempo convertiranse en referente fundamental do aparato de propaganda da Cup, producindo dende carteis de concertos ata simples postais desbordantes de furia, mala baba e intelixencia a partes iguais. 

Arredor do EAM aparecerán o blog Podzemne (abril de 2013) -onde atoparán acomodo moitas escritas do bando stag-  así como Os Arquivos Stout, auténtica memoria da competición, e outros produtos inclasificabeis como Os Chorromocos Descarrilados (xullo de 2014), o Diario dun Porco Bravo (novembro de 2014) ou as Patadas Sajonas y Coces Celtas (xaneiro de 2016). Un 2016 que, por certo, viu á edición máis polémica da Cup en Bueu, nun partido que todo o mundo tratou de esquecer o máis rapidamente posible. De novo, nunha estraña sincronía, será este un ano especialmente complicado na política expañola, permanecendo o país sen goberno durante case un ano. Máis alá das nosas fronteiras, un persoaxe saído dalgunha web de caricaturas sobre tópicos da extrema dereita acadará a presidencia dos Estados Unidos. A Anglogalician Cup fun

É 2017 e non é fácil mirar cara atrás. Acumúlanse os partidos, as viaxes de ida e volta, os concertos, as crónicas, os toques a rebato, as entradas polémicas e as insubstanciais, as deceas de miles de comentarios, os artigos en prensa as presentacións públicas de cervexas e as batallas coas normas de uso de facebook e a súa tendencia a rebaixar likes aleatoriamente. A Cup cabalga desatada cara outros dez anos facendo o mesmo envolta no seu halo de cripticismo retranqueiro. A Cup surfea sobre miles de liñas de corta e pega excavadas trasteando en google, material para outros tantos miles de comentarios incomprensibles ou menos. A Cup é un incendio cuxo frente expándese sen dar sinais de consumirse. A Cup, en fin, son dúas bandas de colegas sudando baixo un sol criminal ou unha cortina de chuvia ata que o corpo aguante tras noites de troula por todos os bares de Galicia e Inglaterra xuntos.


O grupo que deu inicio a todo isto en 2007 salvou a cara na edición XIV en Sheffield, pero a conciencia dun fin de etapa é evidente para todos eles. Os porcos bravos atópanse nunha encrucillada: a competición está no seu mellor momento pero o equipo precisa dunha renovación que non dá chegado. O tren que arrancou fai unha década móvese a ritmo de AVE mentras a súa tripulación galega está cun pé na xubilación. Os ollos de moitos están postos no Main: se en 2007 foi capaz de poñer a andar todo este tinglado, que terá preparado para saír adiante neste momento? Agardamos, así, por outra década de prodixios se o mundo é quen de aguanta ata entón. Porque outros dez anos de crise financieira e de gobernos criminais por todo o planeta poden ser demais incluso para un invento tan sólido como a Cup.


Ten Years Have Got Behind You...



I was going to write a report of 10th Anniversary match from the Stags perspective but the last post seemed to cover everything just right. It was spot on and I really couldn’t add anything meaningful. Instead I have decided to give my thoughts on 10 years of the AGCup, it’s past present and future.

“I’ve got a great idea for a Stag do” – these words will ring down in history along with Custer’s “Go get em boys” and Captain Smiths “It’s only a bump, New York here we come”. I knew little of Galicia and Pontevedra in particular. Of course, like many Brits I had been to Spain (I know Galicia is not Spain but stay with me on this) Barcelona is one of my favourite places and I’ve been there 5 times, seeing Bob Dylan there one time. I have also visited Seville, a beautiful city. Our leader was obviously taken with that part of the country so a momentous decision was made to visit the Emerald coast. It was the usual mix of Sheffield based lads all with a keen interest in beer and footie. Football allegiances were put aside and Owl and Blade set off in unison. Everyone who has ever played any role in the AGCup is important from the players, the musicians, the camp followers (oh eer missus) those who watch the game and importantly the administrators who oil the engine and keep this old banger on the road but there is a special place for those “originals” from both sides. You know who you are.

It was clear from the outset that this thing had legs and would not be a one-off. Pontevedra was such a beautiful place and the Porcos lads so welcoming. There was a language barrier. In the usual British Colonial expectation, it was a surprise that everyone didn’t speak perfect English. If we landed in the middle of the Amazon we would expect the same. I could manage “Dos cerveza por favour” and that seemed enough! After ten years I’ve improved to “Dos Estrella Galicia por favour”. Or Nasas. The first game was played in driving rain on a sand lot. Galician rain. We would see a lot of that in the next ten years. The result of the game didn’t seem to matter (we won we won ha ha ha). It was a memorable trip and when we headed back to Sheffield we knew that was the beginning of something.

When the Porcos came to Sheffield the same year (2007) a meeting in the Fat Cat resulted in the Anglo Galician Cup becoming an entity. In the intervening years, we have moved between Sheffield and Pontevedra at regular intervals. Each expedition having its own place in the history of the competition and its development. I can say for myself that Galicia feels a bit like home to me now. I love the countryside and its people. We have the football of course but we have also developed a distinct musical bent to the AGCup experience and Galicia has many fine musicians. I am in regular contact with a certain Record shop in Vigo who regularly supplier me with CD’s from Galician/Spanish bands. Fantastic. I have many friends on Facebook who I haven’t met yet but hope to do so on a future trip. This is what the AGCup has allowed. An amazing offshoot to a “Kick about”. How have we achieved this? Clearly this whole thing has only got where it is by a massive commitment. This is from the players and travellers but a critical part of keeping the flame alive is the blog and its various offshoots. It has become a monster we should all be proud of and must continue to contribute to. A massive thanks to those who contribute the articles and administer the blog the unsung heroes of the AGCup. I’m deliberately trying to not name any names in this article as everyone is important in the AG universe but you know who you are. With one exception: The good friends we have lost along the way. Steve "John Terry" and "Smoking" Batty will always be remembered. Their contribution to the AGCup was immense. Fly on brothers. On this issue, I have to admit the Stags need to do much more to contribute to this element. In defence, a few of the Stags view this as a Galician site and have real difficulty in getting a decent translation of the blog so many of the nuances are lost. We must think how we address this so we can contribute more – maybe a separate Stags blog administered through The Main? Let us know what you think.

The Porcos certainly seem more of a group in that they meet regularly. Any excuse for a piss-up it seems. Excellent. We are like the British Lions. To be honest there are many of the Stags crew I only see in the departure lounge or the week before a home game. We need to improve that so we feel more like a group.

Then there are the games. This is a competition, both sides want to win, to get their name on the cup. But how important is that? Is it the purpose? If so that automatically excludes non-players, increasing in number as the years go by. After a string of defeats the Stags reinvigorated the playing staff with an influx of younger players. More importantly we made it clear this was not simply to make sure we were competitive but that they signed up to the whole AGCup ethos of developing friendship. This was underlined when the new influx included some who were not players but had heard our stories of fine times in Galicia and wanted to be part of that. This is the essence of the cup to me. That camaraderie whether you are a player or not you are equally important. I know the Porcos had a similar moment of doubt. The last game proved that whilst in a period of transition and playing in a style which suggested they had been managed by Karanka, they will always play with pride skill and passion. I know issues had arisen after the last visit of the Stags. The game did indeed get a little out of hand but as I said earlier this is a competition and we want that passion though that must be balanced with the knowledge that this whole thing is not simply about the game at all costs. More telling to me was the aftermath where once the game was over we were all friends again after a few beers. So, I suppose that’s what I want it to be – passionate on and off the pitch but a commitment to develop the AGCup as an entity with all that entails.

So, what of the future. Though after ten years times winged chariot is catching us with us, the AGCup seems to be in a good place. On the last trip, the Stags took more tourists than ever to Galicia and the expectation is that next year’s party will be even greater. The 10th anniversary addition was an epic weekend and well attended by a number of Porcos legends. I’d be interested to hear from the Porcos on where they think they are in these terms.